la paradoja IV

(2017)

La enunciación pictórica, esencial en la configuración del paisaje dentro del imaginario colectivo occidental desde el siglo XVII, entra en juego en la obra La paradoja 4. José María Escalona deja de lado la técnica fotográfica y plantea una inquietante hibridación entre lo escultórico y lo pictórico a partir de un diálogo mesurado que permite diversos niveles de seducción retiniana. En primer lugar, la peana que había sustentado sus invernaderos anteriores deja de asumir esta funcionalidad para convertirse en la demarcación de un espacio teatralizante en cuanto entramado de artificios. Si el término griego théatron remite a la idea de mirador, la raíz compartida con el verbo theáomai remite a ver aparecer: el teatro, cuando deja de ser texto dramático para convertirse en acontecimiento, se transforma en un ámbito desde el que contemplamos entes poéticos efímeros y de una entidad compleja. En La Paradoja 4, el artista ha llevado a cabo un artefacto que de manera literal actúa como un mirador desde donde el espectador puede ver aparecer.


Mantiene también el carácter epifánico –en el sentido de desvelar una idea– de los antiguos templos de planta centralizada. De este modo, el invernadero es transformado en una suerte de capilla barroca, dorada e ingrávida, que guarda en su interior, a modo de reliquia flotante, un rectángulo de lienzo pintado.


En la línea de aquel sublime abstracto que Robert Rosenblum enunciara para enlazar los logros de arte de Rothko con el paisajismo romántico de Friedrich y Turner, el lienzo de Escalona sintetiza un mundo espectral de franjas de color. Esta pintura cruda problematiza lo vulnerable, falible e infundado de un sistema visual modulado por el dualismo entre figuración y abstracción.

(Texto de Carlos Delgado Mayordomo, comisario artístico).

Obra realizada con la colaboración de Enrique Lamas.

Obra expuesta en:

Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia. Diputación de Málaga. Málaga. (2017).